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Con el oro sobre sus hombros, uno de los luchadores argentinos más experimentados en el exterior en los últimos años hace un balance tras regresar a México luego de coronarse de gloria en Japón.
Hip Hop Man, clásico luchador de 100% Lucha radicado desde hace más de 10 años en México, terminó recientemente su tercera gira en Japón, en la que ganó el Campeonato de Peso Abierto de la empresa Secret Base. Es su segunda coronación en esas tierras, ya que en su segunda gira, el año pasado, obtuvo el Campeonato de Tercias de la empresa Lucha Mexicana por Orientales (LMO), junto a Ajolotl y el Hijo de Dos Caras. En diálogo con Detrás de la Máscara, el también actor reflexionó sobre su viaje y el presente de la lucha libre en Argentina.
− ¿Qué balance hace de su tercera gira?
− Me fue muy bien, me sorprendió. Japón siempre me sorprende. Si bien al principio estaba muy convencido de ir, después la temporada —que era por ahí un poco baja—, el frío y el hecho de que había ido hace muy poquito me generaban dudas sobre si hice bien o no en ir nuevamente a ese país. La verdad que la gente allá me quiere mucho y me fue increíble, así que todas esas dudas desaparecieron. Fue algo que realmente disfruté. Yo quería esta gira, porque en la anterior luché muchísimo, hice muchísimo dinero, pero terminé muy lastimado porque hice demasiadas luchas. Entonces, esta vez quería hacer menos luchas y estar en el dojo de Michinoku para vivir la experiencia, saber qué es lo que se enseña. Luchando me fue económicamente bien, no gané demasiado dinero como en las otras giras, pero estuvo bien. Esta vez no iba para ganar dinero sino a aprender más de la cultura. Y se me dio el campeonato, que la verdad no estaba ni en mis planes ni en los planes de ningún japonés. Fue recontra positivo, porque salir campeón en Japón, me lo dijo justamente mi amiga Stephanie Vaquer, no cualquiera lo hace.
− En la segunda gira también obtuvo un campeonato de tercias. ¿Podría decirse que, de alguna manera, está poniendo en alto la bandera argentina en esas tierras?
− Conocen mucho a Argentina en Japón por el fútbol, pero en la lucha libre no. Entonces, hoy para los japoneses asociar lucha libre argentina es asociar a Hip Hop Man. Es algo muy fuerte que lo conozcan por mi nombre. Y también es por la preparación de uno. A veces en la lucha no hay que correr antes de aprender a caminar. La primera gira fue conocer un mundo nuevo, adaptarme al estilo. La segunda gira fue ir por todo, luchar donde se pueda, las veces que pueda. Y en esta tercera gira, ya con todo ese bagaje que tenía las otras dos giras, la gente ya me conocía, me reconocía. Hay quienes viajaban horas y kilómetros solamente para verme a mí. Entonces, las mismas empresas se empiezan a dar cuenta que el personaje genera algo. Y más allá de que uno tiene que adaptarse al estilo, que en cada lucha hay que rendir al máximo, está el tema del idioma, el cual hay que aprenderlo y saber que si tenés que desafiar a alguien, tenés que saber comunicarte. Ahora soy el campeón de la empresa y tengo que despedir el show, por lo que no puedo hacerlo hablando en inglés o en español. Recibí muchos mensajes en la red social X de gente que le llega al corazón cuando hablo en japonés. Ese tipo de cosas, por más que vos seas el mejor luchador del mundo, si no te preparás y no hacés lo que tenés que hacer para sobresalir en las diferentes luchas, los campeonatos y las giras no llegan.
− Antes mencionó a la luchadora chilena Stephanie Vaquer. ¿Qué le genera que alguien como ella, con quien es amigo desde hace mucho tiempo, haya llegado a la cima de la WWE en tan poco tiempo?
− Muchas veces ni ella ni yo entendemos lo que pasa. Me emociona porque me emociona mucho la vida de ella y todo lo que hizo para llegar a donde llegó. Pero yo veía la WWE de 2002/2003, iba a La Salada a comprar los DVDs truchos para ver a todos mis ídolos, y ella ahora es la campeona mundial de la WWE. Es muy groso. Y es la misma que ve un meme de los Simpsons y me lo manda, es la misma que para mi cumpleaños me llama y está 45 minutos hablando… Es mi mejor amiga y está ahí cuando la necesito. Estuvo presente dándome consejos para Japón, porque ella también tenía mucha experiencia en viajar, en aprender la cultura. Me decía: «No te preocupes ahora por el idioma. Disfrutá de todo lo que te da Japón. Más adelante va haber tiempo para que aprendas el idioma». Y tenía razón. Con el tiempo, disfrutar e ir creciendo me fue dando muchas más cosas.
− Ambos son talentos sudamericanos que fueron a México, pero cuando usted lo hizo, hace más de 10 años, no había tantos jóvenes que siguieran sus carreras en el exterior. ¿Cómo ve ese panorama?
− Sí, también tiene que ver que, lamentablemente, no pueden crecer en Argentina. Yo tuve la posibilidad de ir a México en 2007, en 2008, en 2010, pero como tenía tanto trabajo en Argentina y estaba tan bien en 100% Lucha, siempre lo pateé para más adelante porque tenía mis oportunidades y no me hacía falta salir al exterior. Cuando voy a México es porque estaba aburrido de Argentina. Nos iba muy bien con Vicente Viloni y mi escuela de lucha, pero luchar siempre con los mismos me terminó aburriendo. Después de ese 2012/2013, la lucha entró en declive en el país y hoy los chicos no tienen dónde profesionalizarse. Es increíble que puedan tener la posibilidad de viajar, lamentablemente no la tienen todos, pero el que puede lo hace, y está bien que se vaya a Chile, a Brasil, a Bolivia, a donde sea, que salga y que luche y que obtenga conocimiento en general, porque de todo se aprende. En mis posibilidades siempre los voy a tratar de ayudar. Lo hice en México: vino mi tío Machuca, mi papá Demetrio, mi hermano Mosca, el Pibe Alfajor, Pleitto, Lucio y chilenos como Jasper Faster recientemente. Ojalá se pudiera hacer lo mismo en Argentina para que no tengan que salir. Pero pasa lo de siempre: no hay unión. El que la pegó un poquito ya se cree el mejor del mundo, no se apoyan entre ellos, se critican el uno al otro… es muy difícil crecer así. Por lo menos, cuando van afuera entienden cómo es el mundo, cómo se aprende la lucha libre, y vuelven con una mentalidad muchísimo mejor.
− En menos de un año, dos agrupaciones dejaron temporalmente de hacer shows: Quilombo Wrestling y Legion. ¿Qué análisis hace de esa cuestión?
− Lamentablemente, lo veía venir. Hay muchas cosas que pasan más allá del clima social, político y económico. Veía en esos shows que el público era toda gente grande. Está bueno que haya gente de nicho que le guste, pero no es la gente que monetariamente te pueda sostener en el tiempo. Muchas veces las empresas critican la lucha para los niños y, pues, hay que traer a los niños. Ahora bien, a los niños hay que inculcarle buena lucha. Hoy quienes crecieron viendo 100% Lucha dicen: «Ah, era para chicos», pero en su momento las luchas eran muy reales, no digo todas, porque había muchas payasadas y los primeros años era un desastre, pero después tratábamos de dar mucha seriedad y los niños eran los que compraban todo.
Yo tengo mucho la idea de México y Japón de que los luchadores vendan su mercancía. Si yo te llevo a 300 personas, algún fanático te va comprar algo. Ahora, si vos tenés en cada show 50 niños, y al otro llevas otros 50, a ese niño le vas a vender la remera, una muñequera, un llaverito, un muñeco. Si volviste a sacar una remera, le va a romper las bolas al padre para que se la compre. No hace falta irse a grandes niveles de televisión ni nada, porque así es el niño, consumista. Entonces, trae al niño e inculcale tus historias y tu buena lucha. Está bien que tengas un concepto, pero si no hay alguien que consuma, lamentablemente, por más que tengas toda la buena intención o todo el pulmón, económicamente no vas a ser nunca sustentable en Argentina.
− ¿Qué le queda por hacer a Hip Hop Man en su carrera luchística?
− Llegar a Estados Unidos. Lo vengo intentando hace muchos años. Lamentablemente, siempre pasaron cosas ajenas a mí, porque no puedo llegar allí como turista, me hago el boludo y lucho, porque te agarran, te deportan y nunca más vas a Estados Unidos. Lo sigo intentando y es lo último que creo que voy a hacer. Tengo la posibilidad de que Stephanie está allá y me puede dar una mano grande. Esperemos que en algún momento pueda ir a luchar allá. Ya con eso me retiro, porque de verdad me duele todo. En México o en Japón tenés que estar luchando prácticamente todos los fines de semana o todos los días y a un nivel muy alto. Ya tengo 42 años, 23 de carrera, los golpes cada vez duelen más, las lesiones tardan más en en recuperarse. Lo vi, por ejemplo, entrenando con los chicos de Michinoku, que tienen 20 años: es un entrenamiento de lo más duro que vi en mi vida. Frustra un poquito ver que ya tu cuerpo no responde, que ya no saltas como antes. Entonces, también tenés que tener la fortaleza física y mental para saber hasta dónde.




