El histórico espectáculo se presentó con funciones en el barrio porteño de San Telmo, donde convivieron la nostalgia de los adultos y el asombro de los más chicos.
—Estaba el Caballero Rojo —dice una mujer mientras, en la fila para entrar al show, intenta recordar junto a su familia a los viejos personajes de Titanes en el Ring.
—También La Momia. Nosotros le teníamos miedo —agrega un hombre que integraba el grupo.
—Sí… ¿y quién más?… ¡El Diábolo! —exclama la mujer, con esa sorpresa alegre que provoca recuperar de golpe un recuerdo que creía perdido en su mente.
Los nombres aparecían uno detrás de otro como memorias rescatadas de alguna vieja tarde frente al televisor. Pero esta vez esos recuerdos volvían a tener cuerpo.
El Teatro Margarita Xirgu, ubicado en el barrio porteño de San Telmo, fue el recinto en el que se llevaron a cabo cuatro shows durante el fin de semana: dos por día y distintos entre sí. Sin embargo, el primero tenía un componente especial: era el que inauguraba la nueva temporada del espectáculo popular que alguna vez vio nacer Martín Karadagian y que hoy encabezan su hija, Paulina Karadagian, junto al exluchador Billy Jim.
La disposición del teatro era estilo coliseo, con palcos y butacas que apuntaban al centro del cuadrilátero y que fueron ocupándose por familias de distintas generaciones: padres y abuelos que crecieron con Titanes y niños que conocían por primera vez un espectáculo de catch, mientras el aroma a pochoclos impregnaba el lugar.
Bajo la voz del maestro de ceremonias, Flavio Peralta, junto a los relatos y comentarios de las luchas a cargo de Dani Moreno y Fabián Codevilla, el show dio oficialmente inicio. La contienda elegida para abrir la jornada fue una lucha individual entre La Momia y El Diábolo.
El personaje que llenaba el aire de azufre intentaba conectar golpes, pero La Momia ni se inmutaba. Cansado de recibir ataques, el ser momificado contraatacaba y lo revoleaba como si fuera un trapo de piso. De repente, se escuchó el ruido de una moto ingresando al teatro en dirección al ring: eran Bruce Rose y Tania Kotz, un dúo de la nueva generación de Titanes que siempre está haciendo de las suyas. Ambos intentaron intervenir en la contienda, aunque no lograron cumplir del todo su cometido porque también apareció la luchadora Hella para impedirlo y garantizar que el combate se desarrollara como correspondía.
Mientras tanto, El Diábolo utilizó su capa para tapar a su rival y obstaculizarle la visión. En ese instante, tomó un par de chapas rojas junto al árbitro, el tramposo Profesor Robert, y comenzaron a golpear a La Momia ante los abucheos del público. Posteriormente, intentaron tironear de las telas que envolvían al personaje, pero tras varios intentos fallidos La Momia logró reponerse y contraatacar al villano. Cuando lo tuvo a su merced, miró hacia arriba, estiró el brazo y aplicó “El Cortito”, la clásica movida de su viejo némesis, Martín Karadagian, para quedarse con la victoria. Los aplausos resonaron con fuerza y las luces del recinto no dejaban de parpadear, como si el clásico campeón respondiera con una sonrisa desde el cielo ante ese homenaje.
La segunda lucha fue un mano a mano entre el «toro armenio», Bull Avak, y La Momia Negra. El primero era un luchador de gran porte físico y mirada penetrante, siempre fija en su objetivo dentro del ring. El segundo, con su clásica cobertura negra, hizo su ingreso al lugar provocando al público: a algunos les lanzó pochoclos y a un hombre le robó las zapatillas, entre tantas otras bravuconadas.
El combate arrancó con un dominio sólido de Avak, aunque pronto La Momia Negra emparejó las acciones aplicando con prolijidad y contundencia distintas técnicas de lucha libre. Desde los alrededores del cuadrilátero, varias banderas armenias se agitaban alentando al grandote, dándole el impulso necesario para terminar doblegando a su rival con una llave de sumisión.
A continuación fue el turno de las mujeres de Titanes en el Ring, en una lucha australiana —combate de dos contra dos—. Por un lado estaban Roxy Rox, una competidora muy ovacionada que lucía un conjunto violeta y dorado, y Kala Zephyr, una luchadora que destacaba tanto por su musculatura como por la felicidad que transmitía cada vez que subía al ring. Sus rivales eran Tania Kotz, que con su vestimenta negra y verde flúor ingresó con aires de superioridad, y NGO, cuya principal característica era la prolijidad de sus movimientos para someter a las adversarias.
La árbitra Sabrina todavía no había llegado a anunciar el comienzo del combate cuando Kotz y NGO realizaron un ataque sorpresa sobre sus rivales. NGO aplicaba llaves, patadas e incluso vuelos por encima de las cuerdas con mucha seguridad y elegancia. Roxy Rox logró reponerse rápido y respondió con una ráfaga de golpes sobre NGO, momento en el que una niña del público levantaba con entusiasmo un cartel violeta con el nombre de la luchadora.
Luego ambas dieron el relevo a sus compañeras. Tania Kotz se alejaba de Kala Zephyr, se escondía detrás de la árbitra y el público le gritaba que tenía miedo, aunque eso también formaba parte de su estrategia para confundirla y atacarla cuando menos lo esperara. Aun así, Zephyr logró conectar una sucesión de ataques aéreos, levantamientos y azotes con mucha fuerza. El combate fue tan parejo entre las cuatro competidoras que terminó con cuentas cruzadas y Sabrina decretó un empate.

El cuarto combate también fue en equipos. Por un lado estaban Kodran, un grandote de cabellera larga y rizada y ceño fruncido, y Lupe Monterrey, personaje enmascarado mexicano cuya vestimenta lucía los colores de la bandera de su país. Del otro lado aparecieron Da King, un joven de la nueva generación que combinaba estilo urbano con destreza atlética, y Pepino el Payaso, quien hizo su ingreso repartiendo globos entre los niños del público. Sin embargo, no pudo entregar el último porque Lupe Monterrey lo explotó, tomó al payaso por la fuerza y lo devolvió al ring para dar inicio a la contienda.
Sin embargo, la árbitra Sabrina todavía no había hecho sonar la campana porque comenzó a escucharse una música conocida por los más nostálgicos: hacía su ingreso “El Hombre de la Barra de Hielo”, quien, tal como indicaba su canción, era un misterio. Cargando sobre sus hombros una enorme barra de hielo, el sujeto caminó alrededor del cuadrilátero permitiendo que el público la tocara como señal de buena suerte.
Una vez iniciado el combate, los rudos dominaron la primera mitad de la lucha con demostraciones de fuerza por parte de Kodran, que dejaba en claro ante los presentes que era una bestia. Mientras tanto, el enmascarado acompañaba conectando los golpes de gracia luego de que Kodran le dejara los rivales servidos en bandeja de plata. Aun así, lo que permitió revertir la situación fue la propia alegría de Pepino, que se contagiaba del aliento del público y ejecutaba sus movimientos con la extravagancia característica de un payaso. Da King aprovechó ese impulso para ayudar a someter a los villanos y terminó dando el golpe final al subir al esquinero y lanzarse desde la tercera cuerda con una plancha sapito sobre Lupe Monterrey para quedarse con la victoria.
Tras un breve receso, la siguiente lucha fue un mano a mano entre el debutante Brian MacDougall, personaje de ascendencia escocesa e irlandesa, y el experimentado Enigma 17, denominado “la cara de la lucha libre”. En tono burlón, este último se comparó con el europeo antes de iniciar el combate.
—Lo que pedís —dijo señalándose a sí mismo.
—Y lo que te llega —agregó mientras apuntaba a su rival, insinuando que, aunque ambos se parecieran físicamente, él era superior.
El combate comenzó con un despliegue técnico de llaves y contrallaves en el que Enigma siempre encontraba la manera de liberarse, mientras que el «destructor celta» seguía insistiendo en hallar la forma de someterlo. La estrategia que encontró fue utilizar la fuerza de su rival para impulsarlo hacia arriba y azotarlo contra la lona, tanto de frente como de espalda e incluso sobre la rodilla.
Aun así, Enigma 17 no se dio por vencido y saltó desde la tercera cuerda para aplicar un “E17”, técnica en la que tomó a MacDougall del cuello en el aire y cayó hacia atrás para arrastrarlo contra la lona. De esa manera, el también llamado “The Best Technical Wrestler” se llevó la victoria.

Como plato fuerte de la velada, el evento cerró con un combate entre Vlad Ivanoff, quien ingresó al ritmo del rock, y el Caballero Rojo, cuya clásica música de entrada era coreada con nostalgia por los adultos, mientras los niños —aunque no lo conocieran— observaban atentos su imponencia y porte físico.
Antes de arrancar las acciones, la cúpula de Titanes, Paulina Karadagian y Billy Jim, hizo su ingreso al ring. Mientras la hija del histórico luchador argentino mostraba su favoritismo por Ivanoff, Billy Jim le recriminaba que debía mantenerse imparcial.
Luego de ello comenzó el combate y Vlad Ivanoff, odiador del Caballero Rojo, intentó por todos los medios someter a su rival con llaves de rendición. Incluso aprovechaba la parcialidad del tramposo árbitro, el Profesor Robert, para aplicar distintas artimañas, como ahorcar al Caballero con un cinturón o intentar arrancarle la máscara.
Contra todo pronóstico, el Caballero Rojo no se rendía y, cuando logró recuperar fuerzas, respondió con una seguidilla de contraataques. Incluso ambos terminaron peleando entre el público, aunque el clímax llegó al regresar al ring. El enmascarado azotó a Ivanoff contra la lona, subió al esquinero, trepó a la tercera cuerda y se lanzó sobre el villano. Aunque el Profesor Robert intentaba hacer tiempo, debía contar.
Uno… dos… tres… ¡EL CABALLERO ROJO SE QUEDÓ CON LA VICTORIA!
El público comenzó a aplaudir y gritar de alegría. Las luces del recinto titilaban fugazmente. Así terminó el primer show que marcó el inicio de la temporada 2026 de Titanes en el Ring: con héroes, villanos, niños sorprendidos y adultos reencontrándose, por unas horas, con una parte de su infancia.








