RCW Latam celebró su “Revolución de Mayo” con un espectáculo de lucha libre lleno de acción, un combate con escaleras y un cambio titular.
Un domingo gélido en la Ciudad de Buenos Aires tuvo en El Teatrito un nuevo evento para RCW Latam: Revolución de Mayo. El recinto estaba vestido de celeste y blanco: el ring, el escenario desde donde aparecen los luchadores y parte del techo portaban telas y papeles que formaban la bandera argentina. También había globos albicelestes alrededor del cuadrilátero.
Muchos miembros del público llevaban banderas patrias y camisetas de la selección. Incluso, un fanático se vistió con un estilo similar a un porteño promedio de 1810. Incluso el buffet se adaptó a la temática, ya que en el menú se incluyeron pastelitos y tortas fritas, que podían comprarse en cualquier momento del show. La producción de la escenografía, tanto por parte de la empresa como de la iniciativa de los fans se hizo notar y generó un ambiente independentista que se potenció con la entonación del himno nacional para arrancar con el show.
El opener, es decir, la primera lucha, fue por el campeonato mundial de RCW Latam. J-Master defendió su presea contra un viejo conocido, Razor.
La historia del combate se construyó alrededor de que ellos se conocen desde hace mucho tiempo, ya que fueron parte de la ex agrupación Catch Argentino. Razor necesitaba volver a la cima, redimirse y ser campeón. Estuvo presente el hecho de que J-Master se había rendido en una lucha contra Razor, hace algunos años, siendo el oriundo de Balvanera el único en hacer rendir a la Fantasía Argentina.
Esos antecedentes se pudieron apreciar en el desarrollo del combate, que fue bastante rápido, posiblemente, de los más cortos de la noche, pero a la vez, de los más intensos. Corto en tiempo no es sinónimo de breve o de apurado, sino más bien de fluido, ya que fue muy notoria la química luchística entre ambos luchadores, con un intercambio constante de movidas vistosas y de golpes duros.
Aunque Razor llevó al campeón al límite con su llave de rendición, el pibe J logró conectarlo con su remate para retener y extender su reinado varios días más. Al final de la lucha, ambos luchadores se dieron un apretón de manos, y con esas mismas extremidades, el público los aplaudió.
A continuación, llegó la hora de la comedia, o para ser más precisos, comedia romántica. Juan Pollacchi se enfrentó a Judas Cage en una «lucha de esposas». La estipulación consistía en que para ganar un luchador debía esposarle las dos manos al otro con esposas. La contienda tuvo muchos momentos divertidos, donde Pollacchi trabajaba psicológicamente a su rival mostrando placer ante sus golpes con gemidos o dándole nalgadas, mientras que Judas reaccionaba enojándose con «El Niño» o contra los cánticos del público.
Además de la comedia, fue una lucha de experiencia vs juventud, donde Cage dominó gran parte del combate, pero cuando Pollacchi profirió una ráfaga de movimientos logró neutralizar a Judas y esposarlo con esposas que tenía escondidas dentro de su trusa, pero no eran precisamente esposas que usaría, por ejemplo, un policía, sino que eran unas que estaban forradas de peluchito rosa.
En el tercer combate, la Lucha Avanza (Gabriel y Percy) defendieron los campeonatos en pareja contra la dupla de Franco Pedra y G-Devil (y su inseparable silla plegable).
Los oficialistas dominaron casi todo el combate, haciendo relevos rápidos para castigar a Pedra. En muchas ocasiones, tanto Percy como Gabriel atacaban a G-Devil para evitar el relevo, un recurso tan repetido en el combate que miembros del público hacían varios chistes sobre la situación. Sin embargo, cuando G-Devil pudo ingresar al ring el público estalló de alegría.
Los campeones retuvieron, pero los ganadores fueron los retadores por descalificación, ya que G-Devil amagó con golpear con la silla a sus enemigos, pero Ledesma, el árbitro, lo detuvo para evitar la descalificación. Esto generó que Gabriel tomara la silla para propinarle un duro silletazo en la espalda al diablito. Los campeones no tuvieron tiempo para festejar, debido a que después del combate G-Devil descargó toda su frustración con un silletazo para cada miembro de La Lucha Avanza. El desenlace del combate sugiere una posible revancha. Percy, y por más tiempo Gabriel, quedaron tendidos en el ring por varios minutos, incluyendo el intervalo posterior que se dio para que la gente pudiera ir al buffet, o al baño. Algunos fans se sacaron fotos con los cuerpos de los campeones en pareja yacentes de fondo.

Durante esa breve pausa se anunció que RCW Latam abrirá su propia academia de lucha libre para formar y entrenar a futuros luchadores. Según un posteo en el Instagram de la empresa, su sede estará ubicada en Santiago de Chile al 6473, en el barrio porteño de Liniers. Se publicará más información al respecto en las redes de la agrupación en los próximos días.
Tras el receso, un hombre de traje subió al escenario y cantó “El sueño del pibe”, clásico del tango de Reinaldo Yiso que resonó en todo El Teatrito para el ingreso de Ryan Klein, campeón argentino de RCW Latam. Luego de una entrada muy patriótica sonó el himno nacional estadounidense, que luego transicionó a “Hellraiser” de Ozzy Osbourne, tema de entrada de Mike Brooks, el retador al campeonato.
La lucha se construyó alrededor del concepto de héroe nacional vs villano extranjero. El público estuvo completamente en contra de Brooks. con cánticos insultantes en español y en inglés. Fue un combate parejo que tuvo un final repentino, cuando Brooks aprovechó una distracción del árbitro para dar un golpe bajo (algo ilegal), aplicar su remate y cubrir rápidamente a Klein para consagrarse como nuevo campeón argentino de RCW Latam, para la furia del pública y la alegría de sus únicos tres fans identificables entre el gentío. En una entrevista con el periodista Rafael Daloi después del show, Brooks declaró que ahora llamaría al campeonato argentino como el United States Championship (Campeonato de Estados Unidos).
El combate pre-estelar fue un reto abierto de Enzo Roa, en el que puso en juego parte de su fortuna, que se encontraba en un maletín. El desafío fue respondido por Vladimir Tripoloski, que volvía a luchar a RCW Latam, luego de perder el campeonato argentino en el evento Origen Extremo (noviembre de 2025). La lucha tuvo un despliegue de mucho atletismo por parte del portador de medias rojas (con el escudo de la Unión Soviética), y la resistencia del oriundo de Burzaco, que además tenía que soportar el enfervorizado apoyo del público por Vladimir.
El ruso terminó ganando la lucha y llevándose el maletín, que contenía tan solo 10.000 pesos, para la decepción del público pero no para Vladimir, que con ese importe compró unos panchos en el buffet que luego repartió entre el público.
Por último, se llevó a cabo el evento estelar. Chuck Dixon v.s. Matías Toledo v.s. Ángel del Toro v.s. Tomás de Parfum v.s. Chuca v.s. Byron Blayre en una lucha de escaleras, una estipulación pocas veces vista en Argentina. Las reglas consisten en que gana el luchador que descuelga el premio en juego del techo, que en este caso fue una carta llamada el “Ancho de espadas”, que significa que el portador de este galardón puede tener una futura oportunidad titular por cualquier campeonato y en cualquier momento, sin previo aviso. Con un estilo similar al maletín de Money in the bank de la WWE.
El combate tuvo mucha acción. Cada participante tuvo un momento para lucirse. Hubo una escalera de unos dos metros con la cual hubo una gran variedad de movimientos, y que por supuesto, fue usada como arma. Y también hubo una escalera más alta, de unos tres o cuatro metros, con la que se pudieron hacer movidas aéreas. Por ejemplo, Chuck Dixon se lanzó desde una escalera ubicada en el ring sobre todos los demás luchadores que estaban afuera del cuadrilátero, ante el asombro de los fanáticos.
El apoyo del público era notoriamente mayoritario para Ángel del Toro, que en el clímax del combate estaba a punto de descolgar el “Ancho de Espadas”, pero un hombre encapuchado apareció, lo bajó de la escalera y lo atacó. Luego, el sujeto misterioso ayudó a Byron Blayre a levantarse para poder subir por la escalera y finalmente tocar el cielo con las manos, descolgar el premio y ganar el combate, ante la desaprobación del público.
Mientras Blayre festejaba su victoria, el encapuchado reveló su identidad, siendo el luchador Jeyco, que no aparecía en un ring de lucha desde mediados del año pasado. Es conocido por luchar en la empresa Legion Pro Wrestling e integrar la facción “La Nueva D”. Sin embargo, los motivos por los cuales ayudó a Blayre todavía son una incógnita, e incitan a seguir de cerca el próximo show de RCW Latam para saciar las dudas. Próximo show que, todavía, no tiene fecha.
De esta manera, se cerró un show con temática patriótica, bastante comedia, un inesperado cambio titular, nuevas historias para contar y un Byron Blayre poseedor del “Ancho de Espadas” y una posible alianza con Jeyco. El Teatrito se sintió el Cabildo, y los luchadores y fanáticos patriotas de su propia nación: un ring de lucha.







